LED o sodio (HPS): la comparación con números

By 13 octubre, 2026 Guías de cultivo
Respuesta rápida

Un sodio de 600 W entrega alrededor de 870 µmol/s; un LED que dé esa misma luz necesita unos 300 W. El cambio no es «un poco mejor»: es la mitad larga de la factura para la misma cantidad de fotones.

La cifra que ordena la discusión es la eficacia, en µmol/J. El sodio bueno se queda en 1,7; el malo en 0,94. Un LED actual decente está en 2,5–3,0. Todo lo demás —el espectro, el calor, la vida útil— viene detrás de ese número.

La única cifra que compara las dos tecnologías

Comparar un sodio con un LED por vatios no significa nada: el vatio mide lo que pagas, no lo que recibe la planta. La cifra que sí compara es la eficacia fotónica en µmol/J, los micromoles de luz útil que salen por cada julio de electricidad que entra.

Y aquí los números están publicados y medidos, no estimados. En las mediciones de referencia de Nelson y Bugbee, un sodio de 400 W con balasto magnético da 0,94 µmol/J y un 1.000 W de doble terminación llega a 1,70, que es el techo real de la tecnología. En el lado LED, el consorcio DesignLights exige 1,90 µmol/J como mínimo para certificar una luminaria hortícola desde 2021, y la gama alta actual pasa de 3,0.

La cuenta

El techo del sodio es el suelo del LED

El mejor sodio que se fabrica (1,70 µmol/J) no llega al mínimo que exige la certificación hortícola para un LED (1,90). No es una diferencia de marca: es una diferencia de física.

Traducido: para la misma luz sobre la planta, el sodio pide entre un 50 % y un 100 % más de electricidad. Esa es toda la historia, y el resto del artículo solo la pone en euros.

Lo que te quitas de la factura

Pon el sodio que tengas, tus horas y el precio real de tu kWh. El cálculo busca el LED más pequeño de la gama que iguala o supera la luz de ese sodio, y te dice lo que dejas de pagar y en cuántos meses se paga el equipo:

Dos avisos para que la cifra sea honesta. El primero: la amortización de arriba solo cuenta la electricidad. No incluye las bombillas, que en sodio hay que cambiar cada 9–12 meses de uso porque pierden un 20–30 % de salida, ni el balasto, ni el coste de extraer el calor. El segundo: si tu sodio tiene varios años y nunca le has cambiado la bombilla, está dando bastante menos de lo que pone en la caja, así que el ahorro real será mayor que el calculado.

El calor: la mitad del problema que nadie suma

Un sodio de 600 W convierte en calor casi todo lo que no convierte en luz. En una carpa cerrada eso significa extractor más grande, más ruido, más consumo del extractor y, en verano, la pelea de siempre por mantener la sala por debajo de 28 °C.

Un LED de 300 W que da la misma luz genera aproximadamente la mitad de calor, y además lo reparte en una superficie grande en lugar de concentrarlo en un punto. Eso cambia tres cosas prácticas: puedes bajar el panel sin quemar, el extractor trabaja menos y en verano la sala es gobernable.

Tiene un matiz honesto en contra: en invierno y en salas frías, el calor del sodio era calefacción gratis. Al pasar a LED hay cultivos en garaje o nave sin aislar donde la temperatura baja más de la cuenta y hay que compensar. No es un argumento para quedarse con el sodio, pero sí algo que conviene prever.

Espectro: dónde el sodio pierde de verdad

El sodio de alta presión emite casi todo en el amarillo-naranja, con muy poco azul y poco rojo profundo. Funciona —se ha cultivado con él durante cuarenta años— pero obliga a trabajar con una sola receta de luz durante todo el ciclo.

Un LED de espectro completo con diodos blancos de alta eficacia cubre el rango fotosintético de forma continua y permite dos cosas que el sodio no: ver el color real de la planta (una carencia de nitrógeno bajo sodio se detecta tarde, porque todo se ve amarillo) y ajustar la intensidad sin cambiar el espectro.

Lo que no hay que comprar es el cuento del «espectro mágico». Los paneles morados de diodos azules y rojos puros fueron un intento de ahorrar vatios cuando los blancos eran caros; hoy un blanco de buena eficacia da más fotones útiles por julio y además deja ver el cultivo. Si una ficha presume de espectro pero no publica µmol/J, está vendiendo el color, no la luz.

Vida útil y lo que cuesta mantener cada uno

  • Bombilla de sodio: hay que cambiarla cada 9–12 meses de uso. No se funde, pero pierde salida de forma continua: a los 12 meses puede estar dando un 70–80 % de lo inicial sin que se note a simple vista.
  • Balasto: los magnéticos consumen un 10–15 % extra que no se convierte en luz y zumban. Los electrónicos lo arreglan a medias, pero son un componente más que falla.
  • Diodo LED: la referencia es la L90, las horas hasta que cae al 90 % de la salida inicial. En la gama que distribuimos son más de 50.000 horas, que a 12 h/día son unos once años.
  • Driver: es la pieza que realmente marca la vida del equipo. Los paneles con driver interno intercambiable permiten sustituirlo sin tirar el panel entero; conviene preguntarlo antes de comprar.

Cuándo el sodio todavía tiene sentido

Decir que el LED gana siempre sería vender, no informar. Hay tres casos en los que el sodio sigue siendo defendible:

  • Ya lo tienes amortizado y cultivas poco. Si enciendes dos meses al año, el ahorro anual es pequeño y la amortización se va a varios años. Úsalo hasta que muera.
  • Necesitas el calor. Invernadero frío o nave sin aislar en invierno: el sodio hace dos trabajos y la cuenta cambia.
  • Presupuesto muy ajustado hoy. Un sodio completo cuesta bastante menos de entrada. Es una decisión de caja, no de técnica: pagarás la diferencia en la factura, pero la pagarás repartida.

Fuera de esos tres casos, la cuenta no da. Y si enciendes todo el año, no da ni de lejos:

Qué pedirle a un LED antes de cambiar

Si decides dar el salto, el riesgo ya no es el sodio: es comprar un LED malo y concluir que «el LED no va». Cuatro datos que tienen que estar en la ficha, con fecha y revisión:

  • PPF en µmol/s medido en esfera integradora, no «equivalente a X vatios de sodio».
  • Eficacia en µmol/J. Por debajo de 2,5 es tecnología vieja. 2,5–3,0 es el estándar actual. Por encima de 3,0, gama alta.
  • Medidas y número de diodos. Un panel de barras reparte mejor que una placa compacta de la misma potencia.
  • Rango de tensión y corriente. Si no aparece, la ficha está incompleta.

Y después, la cifra que compara catálogos de verdad: euros por cada 100 µmol/s. Ordena el mercado en treinta segundos:

El equipo que sustituye a cada sodio

Como referencia rápida: un 400 W de sodio se cubre con unos 240 W de LED, un 600 W con unos 300–400 W y un 1.000 W de doble terminación con unos 630–720 W. Estos son los tres tamaños que más se piden para reemplazo:

Preguntas frecuentes

Dudas reales

  1. Unos 300 W si el LED está en 2,9 µmol/J. La cuenta es directa: un sodio de 600 W a 1,45 µmol/J entrega unos 870 µmol/s, y 870 ÷ 2,9 son 300 W. Desconfía de las «equivalencias» que no muestran esta operación.

  2. En electricidad de la luminaria, sí, con esas eficacias. Y algo más si cuentas que el extractor trabaja menos al haber menos calor. Lo que no hay que esperar es que la cosecha suba sola: si mantienes el mismo PPFD, lo que cambia es el consumo, no la producción.

  3. Con el mismo PPFD sobre el dosel y el mismo clima, no. La idea viene de los primeros LED baratos, que entregaban mucha menos luz de la que decían. Si comparas por µmol/m²/s reales y no por vatios, el resultado es equivalente o mejor.

  4. Cada 9–12 meses de uso continuado. No se funde: pierde salida de forma gradual, y es muy habitual seguir usando una bombilla que ya está dando un 70 % sin darse cuenta porque el ojo no nota la caída.

  5. Depende de las horas que enciendas. Con 12 h/día todo el año, la amortización suele salir en menos de un año y a partir de ahí es ahorro limpio. Con uso de temporada corta, la cuenta se alarga y tiene sentido esperar.

  6. Fueron una solución de su época, cuando el diodo blanco eficiente era caro. Hoy un blanco de buena eficacia da más fotones útiles por julio y además permite ver el color real de la planta para detectar carencias. El espectro no compensa una eficacia baja.

¿Y a qué altura lo cuelgas?

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Cambiar de tecnología cambia también el montaje: un LED admite distancias distintas y reparte de otra forma.

Haz la cuenta con tus números

La calculadora completa parte de tu superficie y tu precio del kWh, y te dice qué equipo encaja, qué PPFD vas a tener y lo que cuesta el ciclo entero.

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